PostHeaderIcon El Amor De Una Hija

Desde pequeña, siempre adoré a mi padre. De niñita me vestía en su ropa y lo esperaba que llegara del trabajo. Me ponía sus gorras. Cuando tenía miedo de noche, el venía a mi cuarto y me cargaba por arriba de su cabeza y me paseaba como “superman“ por la casa y después se quedaba con migo hasta que yo me dormía. Un año le pedí a Santa Claus que me trajera un árbol de chocolate. Mi madre después me contó que el se quedó despierto toda la noche cubriendo la planta plástica que teníamos en la casa de New Jersey con campanas de chocolate y bombones. Lo puso enfrente de mi cama para que cuando me despertara fuera la primer cosa que vería ese día de Navidades. Siempre me hacia feliz y era gracioso, retozando con mi hermano y yo. Siempre besaba a mi madre con amor. Y ella siempre lo miraba, (hasta de lejos) como si fuera el único hombre en el mundo. Nunca me faltaba nada. Era noble, cariñoso y me daba orgullo cuando me recogía a la escuela. Mi padre era el tipo de padre que si estaba lloviendo me llevaba la sombrilla a el aula. Me sentía tan cuidada con él, completamente protegida.


Era oscuro afuera todavía, serian las 6 de la mañana y hubo ruido en la casa. Yo tenia 9 años y vivíamos en una casa en Miami. Yo oí mi madre hablando con varias personas. Hablaban en Inglés. No escuche la voz ronquita de mi padre entre ellos. Me paré de mi cama con mi perrita y fui a la puerta de mi cuarto. Antes de yo poder abrir la puerta, varios hombres del FBI me empujaron la puerta abierta. Yo traté de cerrar la puerta, mi perra Cindy ladrando rabiosa. Apuntaron revólveres y me gritaban “Tu padre está en tu closet?“

Los próximos años de mi niñez fueron de terror. Dormir de noche ya era casi imposible. Mi padre, ya no estaba para protegerme. Mi madre lloraba inconsolablemente y rezaba. Yo quería ser niña y jugar con mis amigas pero la niñez se me había acabado. Las cosas que eran pesadillas eran mi realidad.

Recibíamos amenazas con mensajes de “muerte“ escrito con letras de periódico. Caminando en la acera hombres desconocidos en carros nos retrataban. Mi madre hacia lo que podía pero el hogar se había convertido de un lugar de felicidad y alegría en un hogar de tristeza y miedo. Los juicios de mi padre eran largos, no compendia lo que pasaba. Me recuerdo un vestido rosado que mi mama me puso. Yo no quería estar en una corte. Yo quería oír radio y bailar. Los niños de mi escuela me preguntaban por qué yo estaba en televisión y por qué mi padre estaba preso. Era muy joven para entender, mucho menos para explicar. Quería desaparecer.

Mi padre sacrificó a su familia por su patria. Todavía me es duro decirlo. Que dolor yo sentía. Que brava me puso. Una niña tener que tragarse eso con una edad tan frágil cambia un ser. Y aunque todo el tiempo que yo estaba brava y triste porque me faltaba el calor de mi padre, mi héroe, (nunca ningún familiar hombre estuvo presente para decirme: Lorna, yo te guio en la ausencia de tu padre) lo seguía queriendo.

Respeto todos los que han luchado por su patria (cualquier tierra de donde uno viene), es admirable y algo que tiene tanto valor y coraje, son cosas que muchos hablan pero no hacen. En Miami, muchos cubanos hablan pero no hacen. Y muchos se han olvidado de mi padre.

Yo siempre le he hablado francamente a mi padre. Me abro con el y conversamos de todo. El y yo somos “uña y carne“. Pero mi relación es a través de una llamada, leyendo una carta o visitas en una cárcel, siempre en bosques o montañas. Lugares difícil y engorrosos de llegar. Lo he visto sólita dos veces. Durante la distancia larga de manejar a la cárcel me preparaba mentalmente para verlo. Son muchas las emociones. Lo que personas no entenderán es que el dolor mas profundo es cuando la visita se acaba y me tengo que ir. porque no me lo puedo llevar conmigo. Lo tengo que dejar y siempre me parte la alma.

Mi gran deseo es pequeño. Un día sentarme con él afuera y tomarnos un café, compartir conversación y después comer juntos. Lo que todos que “hablan“ de patria hacen con sus amigos y familia cualquier día de la semana. Y él no sólo es mi padre, pero también es mi amigo en el cual puedo confiar todos mis secretos, mis penas, todas mis alegrías y tristezas, y el que nunca, jamas se ha olvidado de no solo mandarme una carta para mi cumpleaños, que ya se ha perdido 29 de ellos, pero es la PRIMERA llamada que recibo. Saber que aunque hemos pasado tantos años en esta negrura, la voz de él me es suficiente para llegar al próximo día.

Me siento orgullosa de tenerlo de padre aunque mis sentimientos siempre vienen llenos de lágrimas porque no lo puedo llamar cuando yo quiera o aparecerme en la casa de mami y decir “mami, papi vamonos de paseo“. Me siento orgullosa del amor que mi madre y padre tienen. Me duele ver a mi madre triste. Le hecho de menos cada minuto de mi vida a mi padre. Cuántas veces me ha hecho falta y no lo he tenido cerca.

Ya que mi padre a sufrido una embolia les pido a las personas que recen para que se mejore. Envíenle cartas para que no se sienta solo. La dirección de la cárcel es:

Eduardo Arocena 12573-004
FCI SCHUYLKILL
FEDERAL CORRECTIONAL INSTITUTION
P.O. BOX 759
MINERSVILLE, PA  17954

Yo nunca lo voy a dejar solo. Nosotros nos llevamos adentro, donde yo voy, él va. Y cuando veo el mar, pienso en el y se lo e retratado. Se lo he mandado a la cárcel para que por un minuto, entre cuatro paredes, el lo vea también. La conexión de nosotros nada o nadie lo romperá NUNCA, aunque no lo tenga cerca. Lo llevo adentro y le digo a cualquier persona que me pregunte que es y seguirá siendo un buen padre. Muchos quisieran tener esta persona de padre.

Ayer el 25 de Enero, la cárcel federal de Schuylkill en Pennsylvania me comunico a través de email que no puedo llamar al hospital para saber como esta (aunque las enfermeras me habían dicho que no era un problema de nada si yo llamara todo los días). ¿Como es posible? Me dicen que tengo que llamar a la prisión para recibir la información de su bien estar (de segunda mano y de una persona que no tiene nada que ver con medicina). De contra que asquerosamente nos negaron la información de su salud desde el principio y solo nos enteramos con el esfuerzo del Congresista David Rivera (9 días después que le había ocurrido una embolia).  Hoy llame a la cárcel y todavía estoy esperando saber como sigue mi padre. Además que los oficiales de la cárceles no son médicos que puedan contestar mis preguntas, ni si quiera se ocupan de devolverme la llamada ni los “emails“ de hoy. Estoy preocupada por él y quiero estar al día de su salud que es mi deber como su hija.

Por favor no se olviden de él. Llama y escribe a tu congresita y pídele que tengan piedad por él y si no te interesa la causa de él, te entiendo también. Solo pido que entonces usen su corazón humano y ayúdenos a lograr poder hablar con los médicos y el hospital directamente. Creo que es injusto que tengo que pasar esto y a estas alturas. Mi pobre madre con 69 años no da más. Es criminal lo que pasamos como familia.

Mi padre tiene 68 años y ha dado su vida por su bandera. No deben de castigar más a su familia. De contra que ha sido semejante los años que le tiraron encima (y él se dejo por hombre y no ser chivato), nunca lo ponen cerca de su familia que lo quiere y lo apoya. Su madre está viva y tiene 86 años. Pienso que yo merezco tener la paz de saber como sigue y poder hablar con sus médicos y enfermeras y no un simple empleado de las cárceles federales. Por lo mínimo debiera poder lograr esto sin tener que constantemente brincar obstáculos y permanecer en un estado de incertidumbre.

Lorna Arocena

1 comentarios:

Lorna Arocena dijo...

Ayuden la peticion de mi hija ,estamos angustiadas por no saber de el,Pidanle a Dios que lo cuide.

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